Este mapa, publicado por Languages Eureka en 2021, muestra la distribución lingüística de Europa en torno al año 600.
Tras el colapso del Imperio romano de Occidente, el latín perdió su aparato administrativo, empezando a fragmentarse en variedades que, con el tiempo, darían lugar a las lenguas romances (en verdes en el mapa), predecesoras de varios idiomas actuales, como el romance occidental (francés, español, catalán o portugués), el romance oriental (rumano) o el italo-dálmata (italiano, napolitano o siciliano). En el norte de África, aún se hablaba el romance africano, el cual únicamente permanecería durante un par de siglos más, hasta su desaparición en favor del árabe.
Las lenguas germanas (en grises y negros) se agrupaban en las actuales Alemania, Suiza y Países Bajos, así como en Inglaterra, donde el anglosajón ya se había establecido como predecesor del inglés. También había pequeños reductos más allá, como el gótico en parte de España, el longobardo en parte del norte de Italia y el burgundio en parte de Francia.
Más allá de estos dos grandes grupos actuales, el griego (en rosa) aún se hablaba en gran parte de los Balcanes, sur de Italia, la península de Anatolia y noreste de África. Las lenguas urálicas (en amarillos) aún estaban en el norte de Europa y gran parte de Rusia, con el sami ocupando gran parte de los países nórdicos y el magiar aún muy lejos de Hungría. El eslavo (en morado) ya estaba extendido por gran parte de Europa del Este, aunque posiblemente también se hablara ávaro en la parte más al norte de los Balcanes. El euskera ya era en este momento la única lengua preindoeuropea que sobrevivía en Europa occidental.
A la hora de interpretar este mapa, es importante entender que las fronteras reales de las lenguas eran muy difusas, y dentro de cada grupo de los que aparecen en el mapa seguramente había muchas variaciones y diversidad, fruto de la falta de literatura e instituciones normativas.
Para indagar en el tema, podéis leer este artículo sobre las divisiones lingüísticas de Europa.


